AESE insight #65 > Thinking ahead

Los aseguradores y la guerra

Rafael de Lecea

Professor da área de Política de Empresa na AESE Business School, na Fundación Bravo Murillo, no Instituto Internacional San Telmo e na Universidad Carlos III

En tiempos de incertidumbre, y también cuando todo parece estar bajo control, resulta de gran utilidad para la gestión de las empresas, y para valorar los condicionantes de la “elección del futuro”, escuchar a las organizaciones del mundo del seguro.
A las reaseguradoras, desde su visión global, les preocupa sobre todo lo que desconocen, lo que no consiguen calificar y medir. Pueden hacerlo estadísticamente, con la ayuda de cálculos actuariales, pero siempre que cuenten con la suficiente información: se trata de valorar el mayor daño posible, en términos económicos, junto a la probabilidad de que ocurra.

A veces esto no es posible.

Como ejemplo de reflexión anticipada, asistí una vez a una conferencia sobre: “¿Qué les preocupa hoy a los reaseguradores?”. Lo desconocido.

Y hablaron de tres temas de sorprendente actualidad: los Automóviles, que es el seguro particular mayor del mundo y la primera aportación de ingresos de las compañías (la energía futura, los avances tecnológicos, la propiedad). Y, sobre todo, ¿Cuánto valdrá el seguro de coches que no chocan?

La segunda reflexión fue sobre los Fenómenos atmosféricos y las Catástrofes naturales. No dedicó ni un minuto a reflexionar o filosofar sobre el origen humano, divino, los ciclos… En términos muy prácticos, dijo: suceden, cada vez más, y más imprevisibles… y sus consecuencias económicas son muy relevantes, y van creciendo. Venía a decir: lo que cuesta un huracán en el Caribe lo conozco, tengo muchos años de experiencia, pero, ¿Y todo lo nuevo, como las grandes inundaciones (que afectan hoy, 2021, a un tercio de la población mundial)?

El tercer factor de riesgo que les preocupaba nos va a resultar muy familiar: “una infección, ampliamente dispersa entre la población, cuya mutación sea mucho más rápida que la capacidad de los laboratorios del mundo para descubrir, fabricar y distribuir los antibióticos adecuados a cada cepa sucesiva”. Esto era mucho antes de la pandemia, claro.

Intentan ir por delante y las reflexiones sobre esas cuestiones que les inquietan pueden muchas veces dar también pistas a los gestores que deben tomar decisiones sobre el futuro.

¿Y que les preocupa hoy, de qué hablan?

De la guerra, claro.

La realidad es que la cobertura de los seguros en caso de guerra es muy limitada, en la mayoría de las pólizas están excluidos expresamente los daños causados por un conflicto bélico. En 2001 se añadió como exclusión el terrorismo.

La única excepción destacable, pactada en Londres un poco antes de la II Guerra Mundial, y que se mantiene, es el transporte internacional, barcos, mercancías y aviones.

Tampoco cubren las pólizas de Vida. Sólo existen algunas muy especiales para las Fuerzas Armadas que sí cubren el fallecimiento por cualquier causa (incluyendo el suicidio), la invalidez permanente y absoluta, y la incapacidad profesional por accidente.

Por eso los aseguradores hablan en estos días de algunos de los efectos en los países que no están siendo directa, militarmente, afectados:

  • Cuando las empresas reciben el impacto económico de la guerra, la tentación del fraude, por experiencia estadística, se multiplica exponencialmente.
  • Cuando los ciberataques son un arma diaria en el conflicto, el “ecosistema” se desarrolla extraordinariamente y las probabilidades de que suframos uno se multiplican. Imaginemos esta amenaza en un entorno de teletrabajo.
  • La inflación (España, INE, IPC 9,8%, Portugal INE IPC 5,39%, marzo 2022) va a hacer que las primas de los programas de seguros de nuestras empresas (con efecto transversal en todos los sectores de la economía) se incrementen al hacerlo los costes para las compañías.

Todos ellos son riesgos reales, inminentes. En este caso no son ejercicios de anticipación a medio y largo plazo.

Y, efectivamente, nos dan a los gestores pistas sobre decisiones a tomar.

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