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AESE insight #134 > Thinking ahead

Artigos

Adrián Caldart

Professor de Política de Empresa AESE Business School. Associate Professor de Strategic Management IESE Business School

Tendencias clave para 2026: la nueva agenda de la dirección general.

El entorno empresarial que se consolida de cara a 2026 estará marcado por una combinación inédita de tensiones geopolíticas, transformaciones demográficas, disrupción tecnológica acelerada y una redefinición profunda del papel de la empresa en la sociedad. Estas fuerzas no actúan de forma aislada: interactúan, se refuerzan mutuamente y obligan a replantear los fundamentos de la estrategia, la organización y el gobierno corporativo. Para los directivos formados en escuelas de negocios, el reto ya no consiste solo en “planificar mejor”, sino en pensar y liderar de forma diferente.

>1. Del orden unipolar a un mundo fragmentado

La primera gran tendencia es el cambio estructural del orden global. Tras décadas de globalización creciente, el mundo avanza hacia una configuración multipolar caracterizada por rivalidades geopolíticas, bloques económicos y una fragmentación progresiva de mercados, tecnologías y estándares. La competencia entre Estados Unidos y China actúa como eje central de esta dinámica, redefiniendo cadenas de suministro, ecosistemas tecnológicos y flujos de inversión.

Para las empresas, esto implica el fin de la eficiencia basada exclusivamente en la optimización global. La localización y regionalización de operaciones, la diversificación estratégica de proveedores y la construcción de resiliencia se convierten en capacidades críticas. Además, la incertidumbre geopolítica obliga a integrar el análisis de escenarios como herramienta central de gestión del riesgo. En este contexto, emerge una nueva competencia directiva: la diplomacia corporativa. Entender la lógica política, regulatoria y geoestratégica deja de ser opcional para los equipos de alta dirección y los consejos de administración.

2. Transformaciones demográficas y nuevas expectativas sociales

La segunda gran fuerza de cambio proviene de las transformaciones demográficas y sociales. Mientras Europa, Japón y China entran en una fase de envejecimiento y declive poblacional, regiones como África subsahariana, India y partes de América Latina concentrarán el crecimiento de la fuerza laboral global. Esta asimetría intensificará la competencia por el talento, elevará los costes laborales en los mercados desarrollados y aumentará las presiones migratorias, con implicaciones económicas y políticas significativas.

Al mismo tiempo, cambian las expectativas sociales. Los empleados demandan propósito, flexibilidad e inclusión; los consumidores premian marcas alineadas con valores éticos y ambientales; y las redes sociales amplifican de forma constante los riesgos reputacionales. En este entorno, competir por el talento se vuelve tan importante como competir por clientes. La cultura, los valores y la coherencia global dejan de ser “soft issues” y pasan a formar parte del núcleo estratégico de la empresa.

3. Disrupción tecnológica y la economía de la inteligencia artificial

La tercera tendencia decisiva es la disrupción tecnológica impulsada por la inteligencia artificial (IA). La IA generativa y la automatización avanzada están ampliando su impacto más allá de las tareas rutinarias, alcanzando funciones creativas, analíticas y de toma de decisiones. Aunque promete importantes ganancias de productividad, estas no se distribuirán de manera homogénea: las organizaciones que adopten antes y mejor estas tecnologías capturarán u
na parte desproporcionada del valor.

Al mismo tiempo, la economía digital tiende a la concentración en grandes plataformas, principalmente estadounidenses y chinas, lo que condiciona el acceso a mercados, talento e innovación. A ello se suman crecientes fricciones regulatorias, como las derivadas del AI Act europeo, y un aumento del riesgo cibernético. En este contexto, la confianza en el uso de los datos se convierte en un activo estratégico, y la ciberseguridad pasa a ser una responsabilidad directa del consejo.

Desde el punto de vista estratégico, las empresas necesitan una hoja de ruta clara de adopción de IA, vinculada explícitamente a la creación de valor. Esto exige invertir en gobernanza de datos, integrar consideraciones éticas y desarrollar alianzas dentro de ecosistemas digitales, combinando competencia y colaboración.

4. El impacto de la IA en estrategia, organización y gobierno

Más allá de la tecnología, la IA está transformando la forma en que se dirige la empresa. En el ámbito de la estrategia, permite una toma de decisiones más rápida y basada en datos, facilita el análisis en tiempo real y refuerza la agilidad estratégica mediante simulaciones y escenarios predictivos. Sin embargo, también exige que los directivos desarrollen alfabetización digital y lideren el cambio cultural hacia organizaciones data-driven.

En términos organizativos, la IA favorece estructuras más planas y ágiles, optimiza la asignación dinámica de recursos y da lugar a nuevos roles —desde científicos de datos hasta auditores algorítmicos—. El trabajo se redefine como una colaboración entre humanos y máquinas, lo que plantea desafíos culturales y de gestión del cambio.

En el ámbito del gobierno corporativo, la IA mejora la supervisión, el control de riesgos y el cumplimiento normativo, pero abre nuevos dilemas éticos relacionados con la responsabilidad de las decisiones algorítmicas, la privacidad de los datos y los sesgos. Todo ello obliga a replantear la composición y las competencias de los consejos de administración.

5. Sostenibilidad y transición energética: de la obligación a la ventaja competitiva

La sostenibilidad constituye la cuarta gran tendencia. Ha dejado de ser un asunto reputacional para convertirse en un factor estratégico y financiero, impulsado por la regulación, los inversores y los clientes. La transición hacia una economía baja en carbono está reconfigurando industrias enteras, flujos de capital y modelos de negocio. Cada vez más, el coste de no actuar supera al de la transición.

La sostenibilidad social —desigualdad, condiciones laborales, impacto en comunidades— influye directamente en la “licencia para operar”. El llamado capitalismo de stakeholders ya no es un discurso voluntarista, sino una realidad impuesta por mercados y reguladores. Para las empresas, el reto consiste en integrar la sostenibilidad en el modelo de negocio, competir mediante innovación verde y prepararse para un mayor escrutinio de inversores y otros grupos de interés.

Conclusión. Liderar estratégicamente en un mundo turbulento

Todas estas tendencias confluyen en una exigencia común: repensar el liderazgo estratégico. Los planes a largo plazo rígidos pierden relevancia frente a estrategias adaptativas basadas en sistemas de “sentir y responder”. La resiliencia —financiera, operativa y reputacional— se convierte en una fuente de ventaja competitiva. Y el papel de los consejos y de la alta dirección se amplía: ya no basta con buscar eficiencia; se requiere pensamiento sistémico, juicio ético y coraje moral.

De cara a 2026, la pregunta clave para los directivos no es qué tendencia es más importante, sino cuál representa el mayor punto ciego estratégico para su organización. Identificarlo y actuar a tiempo marcará la diferencia entre adaptarse al nuevo entorno o quedar rezagado en él.

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